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 Una noche más.

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Leth

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Mensajes : 3
Fecha de inscripción : 12/06/2008

MensajeTema: Una noche más.   Dom Jun 15, 2008 4:29 pm

Que le iba a hacer, odiaba la ropa de etiqueta, con su ajustada textura, su incomodidad…Esos brillantes zapatos que le devolvían una perturbadora imagen, la belleza…La bestia.
Era el único modo de entrar en Blue Velvet. Como solía denominarlo, era un lugar “pijo”. Una discoteca para ricos subidos de copas que buscasen inútilmente el amor en un polvo de una noche.

Aquella noche no era distinta, una gran cola adornaba la puerta de modo serpenteante, con personas separadas aquí y allá que luchaban por colarse de modo poco decorosos. Leth frunció el ceño, detestaba cierto tipo de aptitudes humanas, ciertas aptitudes que él mismo había tenido alguna vez, y que vistas desde su nueva vida…Merecían acabar metidas en un contenedor muy pequeño, a presión…Y con una anormal forma que desafiaría la dureza de los huesos.

Como uno más, solo, con su tranquila medio sonrisa en la cara, se colocó en la cola, esperando el lento avance de esta…No le importaba, tenía años…Peculiarmente, por algún u otro motivo, acababa más gente fuera que dentro, muchos despotricaban, pero pocos actuaban, los dos gorilas de la puerta causaban un efecto bastante intimidante…Tan diferentes…y a su vez…Tan iguales que él, sabía que si algunos de los expulsados llegaba a las manos, mañana habría una nueva noticia en el periódico local, con el título de “desaparición” o “encontrado cuerpo de adolescente apaleado”.

Delante y atrás, la gente tocaba burdas conversaciones de fácil solución simplemente para atraer a amigas o parejas. “¿Me queda bien entonces este vestido?”(Sabes que sí, de no creerlo, no te lo habrías puesto para un lugar como este.) “¿Sabes de lo que me enteré el otro día…?” (No se da cuenta de que el chico la mira con indiferencia, o sale por obligación, o está pensando si dejarla).
Detalles aparte, el vástago nunca había sido muy avispado, pero había ciertos detalles, pequeñas cosas, que resultarían palpables para los mortales, de no ser por el velo de ignorancia que a veces cubría gruesamente por delante de los ojos.

Su turno, entregó el dinero para entrar, siempre justo…En efectivo, para no dejar queja o pista alguna. A veces se preguntaba si alguno de los porteros allí presentes sabía de su condición, muchos vampiros tenían poderes que aún escapaban a su comprensión…No le extrañaría lo más mínimo…Pero, por si acaso… Era cuidadoso…Siempre cuidadoso.

No opusieron queja, aunque pudo notar como los porteros le examinaban con la mirada, quizás dieran por sentado que en ropa como aquella no podía guardarse un arma sin que quedase tan marcado como pegarla con celo sobre la piel misma.
Incluso las monedas que traía de más para una copa, eran difíciles de sacar del bolsillo de su chaqueta…Volvió a maldecir para sí. Asquerosa ropa…

Entró en el local, incluso con la de gente que no permitían entrar, el local estaba a rebosar… ¿una noche de descanso?...Normal.
Mucha gente adornaba la pista de baile central, sus rasgos se embellecían por el juego de luces, entre el blanco y la oscuridad que parpadeaban de modo intermitente…Seguramente aquellas personas, de salir acompañadas de sus respectivas parejas…Se llevarían una horrible sorpresa al salir por la puerta, o pensasen que el portero les había “dado el cambiazo.”

Sonrió, al fin y al cabo, nadie podía verle…Y en caso de verle… ¿Qué? Su sustituto de Sire siempre había quedado sorprendido por el color de piel que Leth era capaz de mantener, incapaz de saber que su sangre ya no se movía dentro del cuerpo…También tenía un rasgo bastante peculiar, siempre había sido de buen comer…Y seguía siendo así… Podía mantener alimento que no fuese la sangre durante bastante tiempo en su organismo, quien sabe…Quizás su sistema digestivo no había “muerto” del todo.

Observó la cinco grandes barras tras la que trabajaban unos diez camareros, calculados simplemente por un rápido vistazo… Para irritación del vástago, todas parecían presentar el mismo número de personas, pusiese en la que se pusiese, debería esperar.
Eligió una al azar, desde la que tenía una perspectiva medianamente decente del resto…Y esperó su turno con tranquilidad, jugueteando con la moneda con la que pensaba pagar, deslizándosela entre los dedos.

Una preciosa noche…
Una noche más.
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Léone

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Mensajes : 5
Fecha de inscripción : 29/06/2008

MensajeTema: Re: Una noche más.   Lun Jun 30, 2008 11:27 am

Estaba aburrida.

No sabía cómo diablos había terminado yendo allí, a un sitio tan atestado de gente y de chicos con un índice de hormonas superior a la media que no paraban de mirarla. Suspiró y sus ojos siempre curiosos echaron un vistazo más alrededor. Todo era normal. La música, los humanos bailando al son de esta, los trajes lujosos, los rostros maquillados, las miradas celosas de las chicas y las apasionadas de los muchachos.

Se sentía quizás algo intimidada, aunque obviamente sabía que no tenía razón. Si ella quisiese, podría acostarse con cualquiera de aquellos jóvenes y hacer que las chicas se enamorasen de ella. Pero no. Léone no era de aquellas vampiras que buscaban la diversión y la lujuria en un local como aquel. No le gustaba llamar la atención, y sabía, sin embargo, que era algo inevitable debido a su condición, que la regalaba una apariencia hermosa y atrayente.

¡Ah! ¡Claro! No, no se trataba de sentirse intimidada. Estaba avergonzada... Como una niña. Siempre había preservado aquella característica; un aspecto casi infantil pero encantador, acorde con su carácter, que pese a los años vividos -y a los que sabía que les quedaba- no había cambiado ni un ápice. Seguía siendo la misma que antaño había sido. Elegante e infantil. Encantadora pero orgullosa. Y no pensaba cambiar.

-Perdona, preciosa -la voz de un muchacho la sacó de su ensimismamiento. Alzó una ceja cuando el joven le echó una mirada descarada de arriba abajo, casi perdiéndose entre sus curvas adheridas al vestido rosa pálido que llevaba-. ¿Bailas?

Lëone le llamó estúpido mentalmente. Sentía la sed y la ponzoña presentes en su garganta, pero aún así supo esbozar una encantadora y dulce sonrisa. No se lo pensó mucho, pues al mirar alrededor y no ver a ninguna joven rabiando porque su novio se estaba buscando otra para bailar, se levantó con un movimiento gracil y elegante, propio de los Ventrue.

-Será... Un placer -respondiendo mirándole a los ojos con una dulce e infantil sonrisa.

Se dirigieron a la pista de baile y el muchacho la cogió de la cintura cuando una música lenta comenzó a sonar. La joven apoyó la cabeza en su pecho, mirando de reojo el cuello descubierto por una camisa que llevaba -quizás con la intención de provocar- un par de botones abiertos y una corbata desabrochada. Se sintió ligeramente culpable, pues una noche más, manipulaba a la gente a su antojo. Y coincidía que aquel joven era justo como a ella le gustaban. De los que se alimentaba cada noche, de hecho. Se dijo a sí misma que intentaría no matarle cuando lo sacase fuera del local dándole falsas esperanzas de un polvo fácil.

Pero fue entonces, en medio de una vuelta en aquel baile, cuando sus planes se echaron abajo. Sus ojos se fijaron de pronto en una piel de palidez idéntica a la suya propia y en un rostro de facciones tan hermosas como su propia cara. No era la única allí.

Él estaba sentado en la barra, jugueteando con una moneda entre sus dedos, y parecía no haberse percatado de la presencia de otra de los suyos. Ladeó la cabeza aún apoyada contra el pecho del mortal y miró al vampiro en silencio, curiosa. Finalmente su curiosidad la venció. Se separó ligeramnete del humano y le sonrió con encanto.

-Lo siento, acabo de ver a alguien de mi familia. Ya nos veremos -guiñó un ojo.

El muchacho se quedó con la palabra en la boca, pues aquella figura pequeña y de facciones dignas de un ángel se perdió entre el gentío formado principalmente por parejas que bailaban al son de la música.

Léone no dudó en acercarse a él por detrás y ladeando la cabeza con infantil inocencia y diversión, al tiempo que entrelazaba sus manos tras la espalda, con la vista fija en el muchacho que no se había girado todavía.

-Me pregunto -dijo lo suficientemente alto para que él la oyese- qué irás a pedir...
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