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 Al fondo del corredor, el rojo... (privado)

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Lavinia

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Mensajes : 24
Fecha de inscripción : 12/06/2008

MensajeTema: Al fondo del corredor, el rojo... (privado)   Lun Sep 15, 2008 10:53 pm

La joven se despertó sobresaltada...mientras dormía podía haber sido perfectamente un cadaver recien asesinado por la carencia de movimientos, el hecho de que no respiraba. Pero realmente habíam sido asesinada, para el mundo estaba muerta, para el mundo de los mortales en todo caso. Yacía en la cama en ropa interior...no era capaz de sentir ni frío ni calor así que,¿ que mas le daba?

Se quedó un buen rato quieta completamente con los ojos abiertos, observando el techo de color rojo carmesí, bastante oscuro, pero no era el color de la sangre. Otra vez esa maldita pesadilla que no dejaba a Lavigne en paz, solo rostros y cosas borrosas y una clara voz muy bella de chico que le llamaba por su nombre, eso era lo único distiguible.
Dió la vuelta en la cama...por un lado quería saber de quien era esa voz..y por otro lado tenía su nueva vida, una vida eterna o casi en la que tendría eternamente 18 años...solo tenía recuerdos y no muy agradables de aquellos 8 últimos años de vida.

Se sentó en la cama y luego recorrió su habitación se miró al espejo y como siempre sin reflejo, vivía con su propia maldición , la de no poder saber como era. Tenía entendido que era muy bella, una belleza extraña y embaucadora, no solo la típica de los vampiros, sinó una aún más grande.
Recordó como los Sabbath le dijeron que su clan había sido maldecido por ser vanidosos...recordó como la habían tratado por ser algo bello entre tanta horror y masacre, siendo atada a mesas y violada sin descanso, siendo encerrada y no sirviendo más que de soldado, y aquella misma furia que sentía contra sus "captores" era utilizada para su instrucción en sus poderes.

Inspiró profundamente aspirando el olor de su cuarto del Luxury, su hogar. Olía sangre y notó que tenía cierta sed, pero hoy Lavinia no saldría de aquella roja habitación, si alguien la reclamaba saldría. Se puso una cortísima falda un corsé ajustado que realzaba sus encantos. Y se dirigió hacia el tocador cogió un cepillo para peinarse la larga melena que le alcanzaba hasta la cintura y volvió a dejar el peine en si sitio, nunca llevaba maquillaje y nunca lo haría. No le hacía falta.

Se levantó y se dirigió a la puerta con su paso elegante, casi como si bailase, o no tocara el suelo. Llamaban a la puerta y ella abrió.

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Yann Tiersen

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Mensajes : 7
Fecha de inscripción : 31/08/2008

MensajeTema: Re: Al fondo del corredor, el rojo... (privado)   Mar Sep 16, 2008 8:56 pm

<<… Sin embargo, la alianza no termina de afianzarse, y hay quien sugiere una traición por parte de la constructora…>>

Yann masculló unas cuantas de maldiciones. Con él al mando, eso nunca hubiese ocurrido. Antes que nada, se hubiese asegurado el apoyo incondicional de los miembros de la familia Spencer, y después habría dejado caer en alguna conversación los beneficios de los que gozaban las empresas asociadas, mientras difamaba disimuladamente sobre las empresas enemigas. Sin embargo, su hermano no tenía práctica alguna en las relaciones con los socios, y seguramente había dejado muchos cabos sueltos, o se había granjeado la enemistad de alguien muy influyente en los Spencer.

Irritado, arrojó el periódico a la cama, mientras despotricaba en voz alta sobre su hermano y su padre. Cerró los ojos fuertemente, mientras se sujetaba el tabique nasal con el índice y el pulgar, tratando de calmarse. De cuando en cuando se interesaba por su vida pasada. La empresa familiar frenó su glorioso crecimiento cuando él desapareció y, lentamente, comenzaba a descender. No podía evitar sentirse culpable, ya que él había sido educado para llevar las riendas del imperio familiar y, tras su desaparición, su hermano estaba teniendo que aprender sobre la marcha. Inspiró y espiró varias veces, hasta que su respiración volvió a la normalidad. Abrió de nuevo los ojos y miró distraídamente por la enorme cristalera que constituía una de las paredes del ático. Un Chicago nocturno en todo su esplendor se abría ante sus ojos. Admirado ante las increíbles vistas, olvidó las preocupaciones de apenas un instante antes. Miles de puntitos brillantes parpadeaban en la oscuridad, invitándole a hundirse en las calles chicaguenses. Apoyó la frente en el grueso cristal y miró hacia abajo. Apenas se podía distinguir nada a la débil luz de las farolas.

De pronto recordó que tenía una cita importante aquella noche en The Luxury. Era un local frecuentado por casanovas y seductoras, y algún que otro drogadicto. Lleno de presas inocentes y confiadas. Ideal. Esa noche acudiría con la invitación especial de Lavinia, la reina del local. La había visto en una ocasión y, tras unas cuantas miraditas indiscretas y un par de sonrisas, finalmente se habían dignado a intercambiar unas frases. Nada muy profundo; ni siquiera se habían preguntado los nombres. La cosa, lamentable e inusualmente, no llegó a más, puesto que la vampiresa tenía algunos asuntos que solucionar y tuvo que marcharse. Quedaron en verse la semana siguiente para “hablar largo y tendido”. Huelga decir que el Toreador incluso se sorprendería si se pudiera entablar una conversación decente con ella. Obviamente, eso carecía de importancia. Iba allí con la sola intención de comprobar si toda la fama y halagos que le precedían eran ciertos; si la muchacha sabía hacer su trabajo.

Apartándose de la cristalera, buscó un reloj por el desordenado escritorio. Cuando lo encontró se le hizo un nudo en la garganta; llegaba estrepitosamente tarde. Se abalanzó sobre su vestidor, buscando la ropa adecuada. Corrió por entre los armarios, desechando camisas y pantalones, hasta que dio con un traje oscuro, sencillo pero elegante. Prescindiendo de la corbata, cogió al vuelo una camisa negra y un par de zapatos y se dirigió hacia la puerta, brincando para meterse en los pantalones. Ya en la entrada terminó de vestirse y trató inútilmente de peinarse un poco. Dedicó una última mirada al caos que había dejado a su paso y, arrugando la nariz, salió del ático.

El ascensor descendió vertiginosamente por una treintena de pisos y Yann salió a trompicones de él, saludando distraídamente al portero, y llamó al primer taxi que vio. Afortunadamente, el conductor no era muy hablador, y después de pedirle las señas no volvió a abrir la boca. Apenas un par de minutos después, llegó a la entrada del local y, tendiéndole un par de billetes arrugados al taxista, bajó del vehículo y se precipitó al interior de The Luxury. Se arregló un poco las mangas de la camisa mientras caminaba hacia los gorilas que custodiaban las escaleras, que le dejaron pasar sin problemas. Pidió indicaciones a una chica que apenas se tenía en pie sobre dónde estaba el cuarto de Lavinia y corrió hacia allí lo más rápido que sus piernas le permitieron.

Al fin alcanzó la habitación, respirando agitadamente. Se tomó un par de segundos para recomponerse antes de llamar a la puerta. Mientras esperaba a que la vampiresa abriera, miró a su alrededor. Un largo corredor con trece puertas se abría prometedor ante sí. Trece noches diferentes, trece reinos del vicio. Sonrió; ya había abierto algunas de esas puertas antes. Al oír el ruido de la puerta, Yann terminó rápidamente su inspección, y esbozó una agradable media sonrisa. La bella Lasombra se topó de bruces con él al abrir, ya que se había apoyado en el marco de la puerta.

- Lamento la tardanza – dijo clavando sus ojos en los de la vampiresa, y haciendo como si oteara el interior de la habitación, añadió - ¿Puedo pasar?
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Lavinia

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MensajeTema: Re: Al fondo del corredor, el rojo... (privado)   Jue Sep 25, 2008 11:09 pm

Al abrir la puerta, la muchacha se topó de bruces con Yann. Se acordó que le había dicho que se acercara algún día...pero no recordaba que fuera ese día en particular. Le miró fijamente.

-No tienes que disculparte, yo no me acordaba siquiera...-mostró una sonrisa felina y ligeramente inocente-Pasa...

Entornó ligeramente los ojos la luz resplandeciente del corredor le molestaba, era una Lasombra y pese al su piel dorada la luz le incomodaba bastante, por eso su habitación siempre tenía esa iluminación de ambiente. Una luz tenue lo suficiente intensa para ver perfectamente y lo suficientemente apagada para que a ella no le molestase.
Le indicó que pasara con un gesto y cerró la puerta un vez que el joven hubo entrado. Le indicó un largo sofá de terciopelo rojo, del mismo tono intenso que las paredes y que el resto de la habitación. Lavinia fue detras de el y se sentó completamente pegada a él. Tenía las piernas cruzadas elegantemente e iba descalza, no se había sentido con ganas hacía unos instantes de pasearse por su propia habitación en tacones. Y no con como se sentía. Aunque su ánimo mejoraba por momentos.

-Me alegra ver que si que has venido...

Justo después de eso, pegó sus labios a los de Yann, en un beso bastante apasionado y salvaje.

(me falta acabar, pero es esto)

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